Akita Inu: Todo sobre los Cuidados, Alimentación, Salud, Higiene y más

Akita Inu: Todo sobre los Cuidados, Alimentación, Salud, Higiene y más
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El Akita Inu es una preciosa raza que también recibe el nombre de Akita Ken, Akita Japonés o simplemente Akita y que debe su nombre a la provincia de Akita, situada en la Isla de Honshu. En cuanto al término “Inu”, su significado es perro en japonés, por lo que su traducción es “perro de Akita”.

Icono y orgullo del país del sol naciente, se le ha llegado a considerar hasta un amuleto de la buena suerte, salud, larga vida y prosperidad. Entre sus innumerables virtudes destaca su extrema lealtad, lo que hace aún más extraño el hecho de que la raza aparezca en la lista de Perros Potencialmente Peligrosos.

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Todo lo que deberías saber sobre el Akita Inu

Seguro que conoces la historia de “Hachiko”, el fiel Akita que durante diez largos años esperaba cada día en la estación de trenes la llegada de su fallecido dueño. Una historia que conmovió corazones a lo largo y ancho del planeta y que fue llevada al cine, con Richard Gere en el papel del dueño de este noble can, titulándose “Hachiko, siempre a tu lado”.

Su fama mundial es un hecho y el levantamiento de una estatua en la misma estación donde falleció tras una de sus diarias esperas, es el más sincero tributo de las gentes del lugar a este magnífico ejemplar, cuyo comportamiento cautivó a todos.

Origen

Una raza de extraordinaria valía que hasta los años 30 del siglo pasado fue conocida como Odate Inu y que es realmente antigua, estimándose que es posible que exista desde hace 3.000 años. Su historia real es incierta, dados los pocos documentos escritos que al efecto se conservan.

Este animal de fascinante aspecto ha venido siendo desde tiempos remotos un perro de trabajo que destacaba en la caza, cobrando piezas en el río. En los conflictos bélicos resultaba muy apreciado como perro de defensa y de ataque. La parte más oscura de su historia lo sitúa como perro de pelea, para lo que se le preparó concienzudamente entre los siglos XVII y XIX.

La inhóspita y montañosa prefectura japonesa de Akita fue el escenario en el que estos canes eran empleados en parejas de machos y hembras con el objetivo de cazar jabalíes, osos y alces.

En el siglo XIX, los samuráis seguían sin querer prescindir de estos perros, para las peleas y la defensa. Su idea era conseguir canes dotados de mayor fuerza, por lo que durante un siglo se dedicaron a cruzar ejemplares de Akita Inu con otros perros de gran envergadura del estilo del mastín inglés, llegando a desvirtuar por completo los apreciados rasgos físicos de tan bonita raza.

El Akita era el perro predilecto de la nobleza y de los valientes guerreros. Por aquel entonces, corría de boca en boca la leyenda de que si un samurái fallecía sin honor, era posible que en su siguiente vida se reencarnase en un perro de esta raza. De esta forma tendría la oportunidad de llegar a morir con todo el honor y la lealtad hacia su dueño, lo que sería un modo de contrarrestar su nefasta conducta anterior.

Afortunadamente, las crueles peleas de perros se prohibieron en el año 1908, por lo que dejaron de tener sentidos los aludidos cruces y, gracias a los programas de cría y recuperación que se pusieron en marcha, lograron conseguirse nuevamente perros tipo spitz originales.

Sin embargo, la II Guerra Mundial estuvo a punto de acabar con este perro, igual que con otros muchos. Fue entonces cuando el cruce entre el Akita y ejemplares de pastores alemanes de los que acompañaban a las tropas americanas dio lugar al Akita americano.

Por su parte, el Akita japonés también comenzó a recuperarse, debido a la existencia de los pocos ejemplares con rasgos nipones que se mantenían a través de los programas de cría selectiva, estableciéndose una separación entre el Akita Inu y su versión americana.

Para ello, partieron de la línea matagi, que era la más parecida a la original de las que se conservaban allá por 1945, siendo las otras dos el Akita de pelea (resultado del cruce con un perro tosa) y el Akita ovejero (resultado del cruce con un perro ovejero alemán).

Así, los amantes de la raza consiguieron generar el estándar de Akita Inu que hoy se conoce y que tiene un mayor tamaño que el Akita Matagi original, recuperando el tipo spitz y desechando los atributos tanto del mastín como del ovejero australiano.

Características y rasgos físicos

Esta raza de perros a la que se venera en Japón, al ser su país de origen, es un auténtico tesoro nacional en forma de perro grande, con una altura a la cruz de entre 61 y 67 centímetros. Su peso ronda los 45-55 kilos de media. De fuerte constitución es un poco más largo que alto y cuenta con un movimiento poderoso y flexible

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Su cabeza es ancha y peluda, en perfecta proporción a su cuerpo robusto y musculado. Su frente y su cuello son también musculosos. Este último no debe tener papada y ha de combinar con su pecho profundo, con costillas arqueadas y un abdomen bien levantado. Su trufa suele ser de color negro, así como los belfos, si bien su lengua es normalmente rosada.

Su hocico es tremendamente fuerte, más ancho en su base y moderadamente largo. Su poderosa mordida cuenta con dientes que cierran en forma de tijera, lo que la hace muy potente e imposibilita el que sea abierta desde el exterior hasta que no sea el propio perro quien se decida a hacerlo.

El de la mordida en tijera, ha sido uno de los aspectos físicos que le han valido su clasificación como perro potencialmente peligroso, junto con su gran tamaño y el hecho de que se le considere un cazador innato, lo que se supone que puede desembocar en ciertas situaciones peligrosas en el caso de que un Akita no haya sido convenientemente socializado.

Sus orejas son pequeñitas y gruesas, inclinadas hacia adelante. Sus ojos son chiquitines y a menudo distantes entre sí, generalmente de color marrón oscuro o café.

Su dorso es firme y recto, con una región renal musculosa y amplia. Sus extremidades anteriores y posteriores han de estar perfectamente desarrolladas y ser bastante fuertes, de manera que el cánido pueda desenvolverse bien en todas las actividades que emprenda.

Sus pies son redondos y macizos, bien cerrados. Sus uñas son duras. Sus patas son palmípedas como las de los gatos y es un nadador fuera de serie. Su cola enroscada viene a descansar encima del dorso. Esta parte de su cuerpo cuenta con un pelaje más abundante que el resto.

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Color y pelaje

La piel del Akita Japonés es gruesa, con un pelaje doble, corto y áspero. Sus variedades de color son el rojo, el atigrado y el blanco. Todos los colores, a excepción del blanco, tienen que presentar el característico “urajiro”, ese pelo blancuzco que aparece a ambos lados del hocico, en las mejillas, bajo la mandíbula y también en el pecho, en el abdomen, en la parte interna de las patas y bajo la cola.

 


Temperamento

Este vigoroso y robusto perro, es independiente, valiente y orgulloso, pero también muy tranquilo y equilibrado. Su carácter es reservado y silencioso. Tal es la veneración de los japoneses por el perro japonés de Akita que es muy habitual que cuando un niño nace en una familia, o cuando alguno de los miembros de la misma enferma, le sea obsequiada una pequeña figurita de esta raza.

El cariño, la protección y la lealtad que un Akita desarrolla hacia su dueño están fuera de toda duda. Esta protección la hará extensiva al resto de los miembros de la familia y a sus propiedades.

Ente las labores “profesionales” que el Akita Inu desempeña destacan las de perro guardián, perro auxiliar de compañía y perro guía para personas invidentes. Por lo demás, cada día aumenta el número de canes de esta raza a los que las familias convierten en uno más de ellos, como perro de compañía. El que sea un excelente perro guardián está relacionado con su pasado y con las faenas que en él desempeñaba.

Con las personas afines a su familia, generalmente tendrán un carácter amistoso, salvo que detecten en ellas malas intenciones. Con los desconocidos se mostrará desconfiado. Esta raza no es ladradora en absoluto, por lo que si tienes un Akita y ladra, procura prestar atención.

Este perro está muy seguro de sí mismo y su paciencia ante provocaciones poco importantes está asegurada. Si te estás preguntando por la cuestión de su presunta peligrosidad, podemos decirte que un Akita va a atacar en rara ocasión, salvo que sea retado.

De todo lo dicho, puedes concluir que el Akita es un perro para ti si tienes tiempo para dedicarle, integrándole en tu vida familiar. No olvides que su felicidad va a depender en gran parte de sentirse querido e integrado en su hogar de adopción. Allí va a disfrutar de la posibilidad de involucrarse en la rutina diaria, mostrándose dichoso y juguetón.

Pero, si quieres que tu Akita sea feliz del todo, no puedes obviar que estás ante un gran deportista, que solo va a adaptarse a la vida en un apartamento si eres capaza de hacer que cada día descargue su energía en el exterior. Este no es precisamente un perrito faldero que aspire a ver televisión a tus pies cuando llegues a casa. Contar con un espacio en el que pueda moverse con libertad y en el que descansar tranquilamente, también le hace liberar tensiones.

Has de tener presente en todo momento que, la que traemos entre manos ha venido siendo durante generaciones una raza guerrera, criada por soldados, que se halla acostumbrada al esfuerzo físico y a la obediencia. Por esta razón, es un perro ideal para quienes estén buscando animales con ganas de hacer deporte. Es la elección ideal para el entrenamiento, particularmente si lo adoptas de cachorro y le inculcas tus gustos.

Una vez sabido esto, tienes que tener claro que un perro del fuerte temperamento del Akita, al que además acompaña una considerable envergadura física, no es un animal para cualquier tipo de dueño sino más bien para aquel que:

  • Pueda controlar los movimientos de un perro que a veces llega a alcanzar hasta los 60 kilos de peso
  • Esté dispuesto a llevar a cabo con su Akita tanto un entrenamiento como un proceso de socialización adecuados, lo que implica contar con el tiempo suficiente para observar de primera mano tal proceso
  • Tenga un carácter fuerte que le permita erigirse como el “líder humano” de la manada, haciendo entender a su perro que las normas le vienen impuestas y que ha de respetarlas en todo momento
  • Cuente con el tiempo suficiente para acompañar al Akita durante su ejercicio físico de cada día y además pueda integrarle en su núcleo familiar, brindándole el amor y el afecto que le son necesarios para lograr el ansiado equilibrio

El Akita Inu es un perro de los que siente predilección por un determinado miembro de la familia, por lo que es lo que se llama un “perro de un solo dueño”, pero no dudes que se comportará de un modo extremadamente afable también con el resto de los que le rodean.

Relación con otras mascotas

El Akita Ken no es un animal que busque el enfrentamiento con otros perros a no ser que sienta que se le ha retado con anterioridad, como acabamos de explicar. Tiene la capacidad de mantenerse impasible en situaciones que a otros canes irritarían, siempre que carezcan de trascendencia.

Al relacionarse con otros perros, es posible que pretenda asumir un papel dominante, por lo que la temprana socialización es fundamental para que este animal encuentre el equilibrio y sepa convivir con el resto.

Relación con los niños

Es muy probable que te ronde la cabeza que una raza de perro potencialmente peligrosa no debería ser excesivamente compatible con la presencia de niños, pero lo cierto es que el Akita va a derrochar cariño con los más pequeños de la casa. Es más, te sorprenderá ver la paciencia con la que es capaz de aguantar las travesuras de estos chiquitines, aun cuando se ve involuntariamente inmerso en ellas.

Otra de las ventajas de elegir a un Akita como perro de compañía en el caso de que tengas familia, es que este can es muy poco ladrador, como hemos indicado, por lo que su presencia no va a resultar en absoluto molesta para los bebés, los cuales suelen precisar muchas horas de descanso.

Cuidados básicos

Ningún dueño con un mínimo de lógica pensaría que la adopción de un perro puede ser fruto de un capricho o de una moda pasajera y que se encuentra exenta de obligaciones. La realidad es que llevar a vivir a un animal contigo entraña una serie de responsabilidades que en ningún caso puedes obviar, al tratarse de un ser vivo merecedor de derechos.

Alimentación

El de la nutrición es un factor determinante en relación al estado de salud y a la apariencia de tu Akita. Una buena alimentación le ayudará a alcanzar su promedio de vida, que se sitúa entre los 10 y los 11 años, e incluso a superarlo.

Aliméntalo con un pienso seco de alta calidad. No escatimes en su alimentación pues bien es sabido que el mantenimiento de un perro grande puede llegar a tener un coste económico elevado, pero ello es algo que debes asumir cuando tomas la decisión de adoptar un Akita.

Los cachorros de esta raza precisan seguir una dieta específica baja en calorías que impida que crezcan demasiado deprisa, por lo que es un tema a consultar con el veterinario incluso antes de que tu Akita llegue a casa.

Higiene

La higiene es fundamental en un perro de cualquier tamaño, si bien en uno grande el mal olor no tarda en hacer acto de aparición si la misma es insuficiente. El Akita Inu es un animal limpio por naturaleza al que te sorprenderá ver lamiéndose y acicalándose como si de un gato gigantesco se tratara.

Higiene dental

La salud de un perro y la limpieza de sus dientes suelen ir en franca correspondencia. Un Akita al que acostumbres desde cachorro al cepillado dental periódico va a tener muchas menos posibilidades de sufrir la temida enfermedad periodontal, que puede acarrear graves consecuencias.

Paralelamente, con esta medida, que puede que no sea de su agrado pero que aprenderá a tolerar, estarás reforzando su estado de salud en general y disminuyendo las posibilidades de que sufra patologías renales, cardíacas y hepáticas.

Baño y secado

El aseo canino no es como el humano, en la medida que su asiduidad no es comparable. Bastará con que bañes a tu Akita una vez al mes, para lo que puedes hacerte con una bañera de grandes dimensiones. Si no tienes uno de estos accesorios, siempre que el buen tiempo acompañe, puedes hacerlo en el exterior, valiéndote de una manguera en tu jardín o terraza. Una tercera opción es acudir a un centro canino especializado en el que te devuelvan a un Akita impoluto y esponjoso.

En los meses más gélidos, no permitas que tu Akita salga mojado al exterior. El secador eléctrico será tu mejor aliado para evitarle a tu noble amigo constipados indeseables.

Cepillado

La abundante capa de pelo del Akita Inu sugiere un cepillado diario con el que eliminar el pelo muerto y mantener su hermoso manto a salvo de partículas de suciedad. Ahora bien, no esperes que por ello tu casa esté libre de pelo, pues es muy probable que te los termines encontrando por todas partes.

Vacunas y tratamientos antiparasitarios

Vital es que observes meticulosamente el calendario de vacunaciones que para tu Akita establezca el veterinario, como medida preventiva ante ciertas enfermedades infecciosas.

Pulgas, garrapatas y gusanos intestinales también han de ser alejados de tu mascota, para lo que nada mejor que colocarle las pipetas o collares antiparasitarios que en el mercado encontrarás a tu disposición.

Enfermedades más comunes

A este fortachón apenas se le conocen enfermedades específicas, si bien como cualquier otra raza, tiende a sufrir una serie de patologías que en su caso se concretan en displasia de cadera y problemas de rodillas. Tampoco escapan a padecer dolencias propias del sistema inmunológico así como disfunciones de la glándula tiroides.

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Adiestramiento

Aunque a veces no des crédito dada la docilidad de tu Akita, no puedes olvidar que estás ante una raza clasificada como potencialmente peligrosa, por lo que el cumplimiento de la normativa al respecto ha de ser exhaustiva, si no quieres, desde tener que hacer frente al pago de una multa, hasta correr el riesgo de que te sea retirada la tutela de tu perro.

El adiestramiento de un Akita no va a suponerte un gran reto, como algunos erróneamente creen. Este perro es un líder natural que no soporta a un dueño débil, por lo que sencillamente has de ganarte ese puesto con él. Si tu noble amigo observa en ti firmeza y coherencia, no cabe duda que acudirá a tu llamada.

Por el contrario, si lo que tu comportamiento desprende es indecisión e inseguridad, no te considerará en absoluto un líder nato y, como el can jerárquico que es, tenderá a ocupar él ese privilegiado puesto.

No te obceques por muy testarudo que tu Akita parezca. Por más que tú lo creas, su desobediencia nada tiene que ver con que sea orgulloso y cabezota, sino con que no estés a la altura de sus expectativas como amo. Muestra firmeza y seguridad y te ganarás su respeto.

Una vez hayas logrado esa meta, utiliza con tu Akita Japonés el refuerzo positivo, una técnica que arroja estupendos resultados con estos grandullones que fueron criados para trabajar solos, por lo que requieren un plus de socialización desde cachorros para se relacionen correctamente con otros perros.

No dejes de trabajar con tu Akita Inu ciertos aspectos como su comportamiento en casa, el modo en el que ha de caminar con correa o las normas de obediencia básica, que en esta raza es importante que incluyan el cuidado al usar su potente boca.

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