Komondor: Cuidados, Salud, Adiestramiento, Higiene y todo sobre la raza

Komondor: Cuidados, Salud, Adiestramiento, Higiene y todo sobre la raza
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Un impresionante perro “rastafari”. Así puede definirse al Komondor, un can de origen húngaro, cuyo cuerpo está cubierto de multitud de largas rastas blancas que sirven a este perro pastor como perfecto camuflaje pues, de lejos, ¿Quién no diría que es una oveja más?

La originalidad y extravagancia de su apariencia saltan a la vista. Sin embargo, fuera de su país de origen es un animal bastante desconocido. Si te estás planteando la adopción de uno de estos perros, es importante que conozcas los puntos a favor y en contra de tan maravillosa raza.

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Todo lo que deberías saber sobre el Komondor

Como curiosidad te diremos que el Komondor cuenta con el pelaje más pesado que existe en el mundo canino, al punto que si “esquilas” a un ejemplar adulto va a soltar, ¡Hasta 7 kilos de blancas rastas!

Unas rastas que, por otra parte y como ya imaginarás, nadie le ha hecho. Vienen así de serie y son unas increíbles trenzas naturales que le confieren ese aspecto, salvando las distancias, de “fregona gigante”.

Ahora bien, no creas que este singular animal nace así, pues los ejemplares jóvenes del que también se conoce como Komondor Húngaro u Ovejero Húngaro, todavía no lucen cordeles bien definidos, dado que el can no adquiere su aspecto definitivo hasta los dos años.

Origen

Es más que probable que no hayas visto nunca por lo calle un perro Komondor pues lo cierto es que este can, muy popular en su país como mascota, pocas veces traspasa sus fronteras.

El origen del Ovejero Húngaro, que junto con el Puli y el Mudi, son los perros pastores más valorados en Hungría, es realmente incierto y está sujeto a controversia, pues mientras que unos sostienen que llegó a Hungría en torno al año 900, momento en que las tribus magiares del príncipe Arpad se asentaron en la estepa húngara (y más concretamente en la Puszta), otros afirman que la raza llegó a ese país al ser invadido en el siglo XIII por los mongoles.

Sea como fuere, se cree que hay un origen remoto común entre el Komondor y el impactante Mastín Tibetano, por lo que es posible que nuestro particular amigo descienda de perros tibetanos antiguos, esos que tienen aspecto de oso y que vieron la luz alrededor del Himalaya. De ellos habrían heredado el ser un can moloso, o lo que es lo mismo, un perro con un tamaño y envergadura fuera de serie.

Características y rasgos físicos

Con una altura a la cruz que puede alcanzar los 80 centímetros y un peso que oscila entre los 40 y los 50 kilos, este enorme perro es uno de los más grandes que existen, estando clasificado en el grupo de los “gigantes” y siendo fuerte, robusto y bastante pesado

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Su carácter intrépido, cuenta con los rasgos físicos de un defensor.

Bajo su sensacional manto de pelo esconde un cuerpo musculado. Sus ojos son ovalados y oscuros. Sus orejas, que le cuelgan a ambos lados de la cabeza, son en forma de V.

Color y pelaje

Nadie niega que el Komondor cuenta con uno de los pelajes más extraños que existen en el mundo canino. Sin embargo, te sorprenderá conocer la contradicción que representa el que no sea en absoluto una de las razas que más pelo suelten.

Aunque a priori pueda parecernos lo contrario, el pelo largo no tiene que ser el que más vaya a ensuciarnos la casa, pues a veces ocurre lo contrario, como en el caso del perro que traemos entre manos.

Este can no alcanza el óptimo desarrollo de su imponente pelaje, blanco y lanoso, hasta los 6 años de edad aproximadamente, cuando su capa llega hasta el suelo. Al cumplir los ocho o nueve meses su pelo rizado se comienza a alargar y a volverse más grueso. A partir de entonces, habrás de moldear con las manos las hilazas que lo cubren. En torno a los dos años, ya cuenta con rastas, que terminarán midiendo hasta 27 centímetros.

Tan excéntrico pelaje llega a alcanzar su mayor longitud sobre la grupa, en el lomo y en la cara posterior de los muslos, mientras que debajo de las extremidades se ubican sus pelos más cortos.

Su pelo “de trapero” está compuesto por una doble capa. Mientras que la capa interna es muy fina, la capa externa cuenta con un pelo rústico que va combinándose, hasta formar los mencionados mechones.

Este pelaje sin igual le ha venido sirviendo al Ovejero Húngaro para protegerse de los eventuales ataques de los lobos, que no sabían cómo atravesar esta densa maraña de pelo para poder morderlo. Al mismo tiempo, cumple la función de ayudarle a soportar las gélidas temperaturas, por lo que este perro tolera muy bien el frío.

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Temperamento

No te dejes engañar por su aspecto de ovejita mansa dado que estás ante un antiguo perro pastor y guardián, que se caracteriza por su fortaleza, por su valentía y por su carácter protector. No en vano, su pasado como perro de pastor le precede, ya que cumplía a la perfección su cometido, que no era otro que el prestar protección a los rebaños de ovejas frente a los lobos.

Por ello, no es extraño que esté considerado como un fiero perro guardián. De hecho, durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán se dedicó a abatir a muchos ejemplares de esta raza, como única forma de poder entrar en las granjas que los mismos custodiaban.

Su extraordinario porte, intimidante para algunos, esconde un animal dócil y fiel con un fuerte instinto de protección hacia su familia y hogar. En casa se comporta como una mascota tranquila y calmada, no muy ladradora y moderadamente independiente.

No queremos decir que el Komondor no vaya a disfrutar de tu compañía, pues como a la mayoría de los canes, le encanta la presencia de su dueño y del resto de su familia. A lo que nos estamos refiriendo es a que este perro no va a actuar como si fuera tu sombra, siguiendo cada uno de tus pasos.

Su gran tamaño no le hace apto para vivir en un pequeño apartamento. Si no le queda otra, se amoldará a la situación, pero su hogar ideal es una casa amplia con jardín en el que pueda caminar, jugar y ejercitarse a su antojo.

Este perro, de aspecto inofensivo y divertido, no es un animal para cualquiera, al ser más difícil de mantener que otras razas. El económico es un aspecto que igualmente habrás de valorar pues los perros de este descomunal tamaño suelen comer cantidades ingentes de pienso, lo que supone un coste mensual elevado.

A esto habrás de unir lo que te cuesten las consultas veterinarias, los productos para el adecuado mantenimiento de su pelo o, en el caso de que acudas a un centro estético canino, lo que te cobren por dejar sus largas rastas perfectas. Cama, juguetes y snacks son algunas de las compras que tampoco podrás olvidar.

Además, como ya habrás imaginado dado sus orígenes como perro de trabajo, este particular can no es un perrito faldero, acostumbrado a vivir básicamente en el salón de casa. Este es un auténtico perro pastor que requiere ejercicio moderado.

Si te estás preguntando si tú podrías ser su dueño ideal, tienes que tomar en consideración, aparte de si puedes mantener el gasto que su adopción te va a suponer, cuál es tu estilo de vida.

De ser una persona sedentaria, a la que le guste ir del trabajo a casa y viceversa, saliendo poco a respirar aire libre, será mejor que busques otra raza de perro acorde con tus preferencias.

El Komondor Húngaro va a precisar ejercicio, no a un nivel tan elevado como otras razas, pero sí diario. Piensa si te va apetecer acompañarle en sus largas caminatas diarias, en las que deberás dejarle que explore el mundo exterior a placer.

Otro factor a considerar es si tú cuentas con la suficiente corpulencia física como para poder controlar a un perro que puede llegar a alcanzar los 80 kilos de peso en caso de necesidad, pues de no ser así vas a encontrarte con un monumental perro descontrolado, lo que puede desembocar en una situación ciertamente delicada.

En este sentido va a ser también crucial que sometas a tu fiel amigo a una temprana socialización, pues su instinto de perro pastor le hará mostrar bastantes reservas con los desconocidos. Tan pronto como te sea posible, lo idóneo es que salgas con él a pasear y le permitas acercarse a otras personas y perros que os encontréis.

Su espíritu rural hace que este perro sea feliz en contacto directo con la naturaleza, pero también se acostumbrará a vivir en la ciudad, siempre que tengas la precaución de sacarle a menudo para que disfrute de los entornos amplios con acceso a zonas verdes, en los que corretear sin precauciones cada vez que tenga ocasión.

Relación con otras mascotas

El Komondor está acostumbrado a vivir en manada, por lo que la clave para que tolere bien al resto de mascotas se encuentra en una adecuada socialización desde cachorro, que le ayudará igualmente a potenciar las cualidades positivas de su carácter.

Relación con los niños

Es admirable ver como un can que ha sido durante siglos capaz de atacar con gran decisión a un lobo en defensa de su rebaño, es a la vez un magnífico perro de compañía que se muestra de lo más paciente con los niños de la familia, al no irritarse con facilidad. Con ellos jugará durante largas horas y los protegerá, al considerarlos parte de su manada.

Cuidados básicos

El Ovejero Húngaro tiene una esperanza de vida de entre diez y doce años, un tiempo lo suficientemente largo como para que su adopción sea muy meditada. No te dejes guiar por un capricho momentáneo y, si tu deseo es tener a este animal a tu lado, adquiere con él un compromiso serio y responsable.

Alimentación

Este perro de pastor húngaro, como cualquier otro can, debe alimentarse con un pienso seco de alta gama, que cubra todas sus necesidades nutricionales y que ayude a mantener limpios sus dientes.

Quien le ve comer por primera vez se sorprende de la cantidad de comida que este perro es capaz de engullir, por lo que tendrás que emplear una especial diligencia en no sobrealimentarle, pues su ya considerable peso hace absolutamente desaconsejable que el animal engorde.

Higiene

Si cualquier perro necesita estar convenientemente aseado, un ejemplar de este tamaño aún más. Si a ello añadimos lo denso de su pelaje, hay que extremar las medidas de precaución para que la suciedad no anide en el mismo.

Sus ojos y orejas han de ser también objeto de un limpiado diario que los mantenga a salvo de infecciones. Establecer una rutina al respecto te ayudará a no olvidarte de hacerlo.

Higiene dental

La higiene bucal de un perro está estrechamente relacionada con su salud, por lo que debes prestarle continua atención. Piensa que una boca no demasiada limpia es sinónimo de multitud de enfermedades.

Acostumbra a tu fiel compañero al cepillado dental, al que deberás someterle periódicamente, y aléjale de la amenaza que una boca con una deficiente higiene va a suponer para su organismo.

Baño y secado

Bañar y secar a tu Ovejero Húngaro es una tarea que deberás efectuar un par de veces en el año o cuando lo veas sucio, pues se trata de toda una aventura, siendo lo más complicado el secado. En total, puede ser una labor que te lleve unas 3 horas pero el resultado habrá valido la pena.

Para el secado, debes valerte de un buen secador eléctrico, que nunca pondrás a temperatura demasiado elevada y que no debe ser tan potente como para llegar a rizar los pelos. Si tuviera que secarse al aire libre, es probable que no lo consiguiera del todo hasta pasadas 24 horas.

Son muchos los dueños que optan por llevar a este perro a una peluquería canina pues todas las personas no cuentan con la destreza y paciencia que este trabajo requiere. El corte del pelo del Komondor también debe realizarse por manos profesionales.

Cepillado

Es posible que te estés preguntando cómo se cepilla a este lanudo canino. La respuesta es tan sencilla como que sus rastas NO se cepillan, lo que no significa que no precisen un regular mantenimiento.

Deberás arreglar periódicamente su pelo, manteniendo las trenzas perfectamente separadas entre sí desde la raíz, pues es el único modo de evitar la formación de bloques de nudos, que terminarían por estropear su impresionante manto de pelo.

Ni que decir tiene también lo complicado que resulta mantener a este perrazo a salvo de pulgas y garrapatas, que ven en sus kilos de pelo el lugar ideal para cobijarse y reproducirse, por lo que deberás estar especialmente al tanto para detectarlas en el caso de que aparezcan.

Vacunas y tratamientos antiparasitarios

Cumplir rigurosamente el calendario de vacunaciones que el veterinario establezca para tu Komondor es la manera más efectiva de fortalecer su sistema inmunitario o defensivo, proporcionándole así un arma para combatir los ataques por microorganismos.

Los parásitos internos y externos van a convertirse también en grandes enemigos de tu mascota. En concreto acabamos de mencionar que los perros de esta raza son especialmente proclives a que pulgas y garrapatas quieran anidar en su espeso manto, por lo que la colocación de pipetas o collares antiparasitarios se hace imprescindible para ellos.

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Enfermedades más comunes

Estos perros, seguros de sí mismos y algo testarudos, cuentan con una buena salud y no son especialmente propensos a desarrollar enfermedades hereditarias. Ello no implica, evidentemente, que no puedan enfermar y entre las patologías que más les afectan se encuentra la displasia de cadera, un mal muy típico de los perros grandes.

A nivel cutáneo también muestran una especial sensibilidad, por cuanto a menudo experimentan en la dermis infecciones o irritaciones cutáneas, del estilo de la dermatitis, que habrás de tratar de evitar cuidando su pelaje con esmero.

Otras dolencias propias de la raza son el entropión, enfermedad del ojo consistente en que el párpado se pliega, causando la consiguiente irritación ocular y la otitis, una inflamación del oído tan frecuente como dolorosa para el animal.

Ten presente que cualquier enfermedad podrá atajarse con mayor facilidad siempre que sea detectada precozmente, por lo que es fundamental que, ante el menor síntoma de que algo no va bien en la salud de tu fiel amigo, acudas con él a la consulta veterinaria.

Adiestramiento

Es importante que sepas que el Komondor es lo que se llama “un perro de un solo dueño”. Esto se traduce en que, si bien va a mostrarse afectuoso con todos los miembros de la familia, será con uno solo, al que considere su dueño, con quien desarrolle un mayor grado de compenetración y dependencia.

La educación de un Ovejero Húngaro no es una tarea sencilla. Es esencial que respetes su ansia de espacio y libertad, por lo que ya hemos indicado que no es un perro para mantener todo el día dentro de la casa, mucho menos si es reducida. De hecho los ejemplares de esta raza, pese a que estén encantados con la idea de sentirse un miembro más de la familia, pisan poco el interior del hogar.

El jardín es para ellos ese lugar idílico en el que expandirse y vivir al aire libre y tan solo cuando el frío o el calor hacen imposible la vida fuera, buscan cobijo dentro de la casa. Probablemente el tuyo se comporte así, de modo que vigila en los días lluviosos que no se cale, pues huelga decir que no es conveniente que se moje en exceso a menudo, ya que su pelaje es muy difícil de secar y, de no conseguirlo, será candidato idóneo a la proliferación de hongos.

Ya hemos indicado que su inocente y pacífico aspecto no debe hacer que te confíes demasiado, pues su carácter es fuerte como el que más. No desaproveches ninguna oportunidad de demostrarle que tú eres el líder alfa de la manada (su familia humana) y que con tu actitud mereces este título.

No esperes que un aguerrido animal de estas características te respete si detecta en tu actitud signos de una cierta debilidad. Un perro equilibrado es aquel que tiene claro desde el primero momento lo que puede hacer y lo que no, y no olvides que las normas las pones tú como propietario.

Su carácter dominante precisa que seas ese dueño seguro, constante, coherente, enérgico e inflexible que cuando da una orden no se vuelve atrás. Si dejas que tu Komondor se aproveche del cariño que sientes por él y vaya “ganando terreno” día a día, en contra de lo que puedas pensar, dejará de admirarte y de respetarte.

Si esto llega a suceder en su cabeza solo cabrá una idea: la de asumir el rol de líder de la manada, que de otra manera quedará desamparada. Llegado el caso, te va a costar mucho enderezar la situación, pues la convivencia quedará enmarcada por un conflicto de intereses que enrarecerá al máximo el ambiente.

Antes de que esto ocurra, y siempre que pienses que lo necesitas, puedes solicitar los servicios de un adiestrador profesional que sepa encauzar el tema con su acertado criterio. Él será el encargado de adiestrar a tu compañero canino y además te dará las pautas para que, en su ausencia, todo fluya como debe.

Acudas a un profesional o no, de lo que sí debes valerte es del refuerzo positivo a la hora de premiar las conductas deseadas de tu perro. Está comprobado que este método arroja unos resultados espléndidos en todas las razas, alejándose de los estrictos modos de adiestrar tradicionales que, en multitud de ocasiones, lo único que conseguían eran perros más tímidos e inseguros.

Es vital que el adiestramiento del Komondor comience de cachorro, pues un animal dotado de tanta fuerza y rapidez, que además es muy inquieto, si no conoce los límites, podría volverse agresivo y representar un peligro real.


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