Lobero Irlandés: Alimentación, Salud, Higiene y todo sobre este perro de raza

Lobero Irlandés: Alimentación, Salud, Higiene y todo sobre este perro de raza
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El Lobero Irlandés, Lebrel Irlandés o Cazador de Lobos Irlandés es la raza canina más alta del mundo, estando bastante igualada con el Gran Danés. Piensa que la talla de un perro adulto ¡alcanza entre los 81 y los 86 centímetros a la cruz!

Este can lebrel nativo de Irlanda, donde es el perro nacional y por tanto todo un icono, no debe ser confundido con un “Perro Lobo” o “Llobater”, que sería el fruto de un cruce entre un lobo y un perro doméstico, pues por sus venas solo corre sangre canina.

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Todo lo que deberías saber sobre el Lobero Irlandés

Por su docilidad se ha bautizado al Lebrel Irlandés como el “gigante amable”, ya que tiene un carácter bonachón ideal para vivir en familia, siempre que la misma disponga de un espacio amplio en el que este impresionante perro pueda expandirse a sus anchas.

El Irish Wolfhound es un perro que siente devoción por su dueño y que además cuenta con un extraordinario instinto natural de pastoreo. Un can versátil que tan pronto es el mejor perro de caza como un sensacional perro guardián, dado su imponente aspecto y su agilidad. Su nobleza hace que también esté considerado a día de hoy como un excepcional perro de compañía.

Origen

Las raíces del que muchos conocen como el “gigante irlandés” del mundo canino se remontan a la mitología celta, en la que se le denomina Cú Faoil. En sus comienzos, su historia se entrelaza con la crueldad de la guerra, dado que su desmesurado tamaño hacía que derribara a los enemigos de sus caballos y carros.

También eran utilizados como perros de caza con los que dar muerte a jabalíes, lobos y ciervos, para lo que mostraban gran destreza. Por su velocidad, fuerza y poderío físico, estos perros pertenecían a un conjunto de canes conocidos como “los reyes de la velocidad”.

Ya en el siglo III a.C., durante el ataque de los celtas a Delfos, en Grecia, se hablaba de ellos como unos perros gigantes y temibles que iban en compañía de sus amos. Julio César hizo referencia a que toda Roma estaba asombrada por la fiereza de estos perros, siete de cuyos ejemplares regaló el ciudadano romano Flaviano al cónsul Simmaco, para que lucharan contra lobos y osos en los juegos que se celebraron en el año 391 de nuestra era.

De la mitología irlandesa-celta, podemos resaltar la figura de dos insignes canes de la raza, propiedad de Fionn, el guerrero más afamado del momento. Estos canes respondían a los nombres de Brann y Sceloan.

La leyenda dicen que estos hermanos eran hijos de Tuirrean, la tía de Fionn y,en principio, humanos. Parece ser que cuando su madre estaba embarazada de ellos, el amante de su marido, Uchtdealb la convirtió en can por celos.

Mucho más tarde, en el siglo XVIII, Edmund Campion en la “Historia de Irlanda” aludía a la utilización de perros de esta raza para la caza del lobo en Dublín así como en las montañas Wicklow por parte de la nobleza.

En aquellos tiempos, a cada persona solo le estaba permitido tener dos loberos irlandeses, de modo que comenzaron a exportarse masivamente, al punto que en abril de 1652 se decretó por parte de Oliver Cromwell una orden que garantizara un mínimo de lebreles irlandeses que mantuviesen a raya a los lobos en Irlanda, ya que su indiscriminada exportación hizo que su cría cayera de una manera alarmante.

Con el final del siglo XVIII llegó también la decadencia de la población de lobos, por lo que la cría y el mantenimiento de esta maravillosa raza canina empezó a tener menos sentido. Hubo que esperar a principios del siglo XIX para que su popularidad remontara, de la mano del capitán George Augustus, que llevó a cabo el cruce con el Gran Danés, el mastín y el Deerhound, lo que le hizo alcanzar la altura de la que hoy presume.

Características y rasgos físicos

Su comparación con el Dogo Alemán o Gran Danés es lógica debido a la similitud de ambas razas, teniendo en cuenta que la altura a la cruz de un macho adulto de Lobero Irlandés puede alcanzar en ocasiones los 100 centímetros, por lo que al ponerse a dos patas resulta tan alto como un humano…

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Con un peso de entre 45 y 55 kilos, cuenta con un porte distinguido, pese a ser un can rústico, que podría encuadrarse entre el Dogo Alemán y el galgo, siendo más fuerte que el primero y más delgado que el segundo. Su apariencia es algo desgarbada, debido a su gran tamaño y a su particular pelaje.

Su aspecto es fuerte. Su cabeza es larga. Sus ojos son almendrados y oscuros, con poca mella entre ellos. Su hocico es ligeramente puntiagudo y largo. Su cuello es alargado. Sus orejas son pequeñas. Su pecho es profundo y musculoso. Su cola y su línea superior están algo curvadas. Su patas y antebrazos son musculosos, con unos huesos rectos y fuertes.

Color y pelaje

La longitud de su pelo es de corto a medio, siendo fuerte, basto, duro y espeso, por lo que al acariciarlo no va a parecerte precisamente suave. En cuanto a sus colores, podemos encontrar ejemplares grises, negros, blancos, leonados, rojos y atigrados.

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Temperamento

La docilidad de este enorme can es legendaria. Su ternura también es muy característica, igual que su tenacidad y equilibrio en su comportamiento. Muy apegado a sus dueños, lo que hace de él una excelente mascota, es también un formidable perro de protección y de guardia, entre otras razones, porque su descomunal tamaño disuade por sí mismo. Por razones históricas, conserva también un notable instinto para la caza y el pastoreo, recibiendo algunos de ellos formación en ataque.

En líneas generales, este cánido es tranquilo, paciente y muy independiente. Obediente y alegre, protege como pocos el hogar y a quienes lo ocupan, adaptándose a la perfección a todos los miembros de la familia.

Su amor por los espacios libres está fuera de toda discusión, ya que este perro necesita expandirse a sus anchas en un amplio jardín o terreno vallado en el que poder ejercitarse, desprendiéndose de parte de la energía acumulada. También es importante que se trate de un hogar que no le obligue continuamente a subir y bajar escaleras, debido a que sus articulaciones terminarían por dañarse.

No hay que perder de vista que su tamaño es un condicionante a la hora de poder adaptarse a determinados espacios, por lo que la vida urbana no está recomendada para él. En un piso, este perro se sentiría “aprisionado” y la forma de moverse en él podría ser muy poco natural. El resultado de tan impropio comportamiento podría llegar a traducirse en una agresividad indeseada, por los nervios y la incomodidad que le acarrearía.

De todos modos, y aunque vivas en la casa apropiada, ello no va a implicar que este “coloso de los perros” no tenga que salir a la calle. Tendrás que pasearle tres veces al día. Uno de los aspectos positivos de compartir horas de ejercicio con tu lobero irlandés será la posibilidad de afianzar el estrecho vínculo que seguro que ya tenéis, haciendo que se sienta más seguro y feliz a tu lado.

Cuando le saques a pasear deberás junto a él y llevarle atado con una correa, pues su gran tamaño podría asustar a más de una persona que se encontrara por el camino. Piensa que en todos los perros, pero aún más en los grandes, dotados de una gran potencia, es absolutamente obligatoria una temprana socialización.

No en vano, las consecuencias de un acto indeseado por parte de un Irish Wolfhound poco o nada van a tener que ver con las de otro que llevara a cabo un yorkshire, pudiendo causar bastante más daño.

Evita que tu Lobero Irlandés se convierta en un peligro para su entorno educándolo adecuadamente y propiciando, tan pronto como sea posible, su relación con personas y animales que vaya conociendo. Al alejar a un perro de cachorro de su madre y hermanos, le estás privando de la posibilidad de que aprenda de los suyos, por lo que tú deberás asumir la responsabilidad de su óptima integración social.

Su instinto cazador hará que quiera perseguir animales pequeños, por lo que si lo llevas a una zona donde pueda haber conejos u otros animales similares, no lo sueltes pues saldría corriendo, con el consiguiente peligro de perderse o sufrir un accidente, por ejemplo, si se acerca a una carretera.

Otra cuestión sobre la que debes meditar antes de tomar la decisión de adoptar un animal de este tamaño es la de si cuentas con una corpulencia física que te permita controlar a tu fiel amigo en caso de necesidad, como si se ve envuelto en una pelea.

Es importante que reflexiones sobre los pros y los contras de tener en casa a este peludo idóneo para que te dé abrazos de oso. Lo primero que tienes que saber es que un perro tan grande requiere de experiencia previa con canes, o lo que es lo mismo, que no es un perro para novatos.

A nadie extraña pensar que su gran tamaño precise de una destreza adquirida para hacerte con un animal que no es precisamente un perrito de salón. Si bien es cierto que del Lobero Irlandés se dice que “todo lo que tiene de grande, lo tiene también de bueno”, no hay que obviar que un perro así ha de estar bien educado para la tranquilidad de todos los que con él se relacionen.

Otra factor que debes valorar antes de llevar a este peludo a casa es la de si tienes la suficiente capacidad económica para mantener a un perro que ingerirá sacos de pienso a la velocidad del rayo y que también necesitará que le compres una gran cama, snacks antisarro para perros gigantes y juguetes, así como que pagues sus consultas veterinarias.

Relación con otras mascotas

El Lebrel Irlandés es apto para la convivencia con otras mascotas, con las que podrá llegar a llevarse muy bien, por lo que no encontrarás dificultades si eres una de esas personas a las que les encanta vivir rodeada de animales.

Relación con los niños

El Irish Llobater es absolutamente encantador con los niños, con la única pega de que su gran tamaño no le hace demasiado manejable para los más pequeños de la casa. Por ello, será imprescindible que supervises los juegos entre este grandullón y tus hijos, dado que de un modo absolutamente involuntario podría llegar a hacerles daño.

Cuidados básicos

Si estás pensando en adoptar un perro de esta raza, te recomendamos que no te dejes llevar únicamente por lo singular de su aspecto y valores al detalle si realmente se trata de tu perro ideal.

Los perros gigantes llaman la atención de muchas personas pero hay que tener presente que la convivencia con ellos lleva aparejada una serie de sacrificios que deberás estar dispuesto a afrontar, a pesar de las muchas satisfacciones que por supuesto te proporcionará.

Alimentación

De la alimentación que dispenses a tu fiel amigo va a depender en gran medida que alcance e incluso sobrepase su promedio de vida que se cifra entre 6 y 10 años. Elige para él un pienso seco de calidad que además le permitirá lucir su mejor aspecto. En el mercado encontrarás una amplísima gama adaptada a todas las edades y razas caninas.

Los lebreles irlandeses son propensos a sufrir torsión gástrica, por lo que es esencial que la ingesta de comida se divida en varias tomas, en lugar de proporcionarle una única comida grande, que podría perjudicarle en este sentido. También deberás colocarle el plato de comida alto, para que no tenga que agacharse demasiado.

Aunque la cantidad que come un perro depende de su edad, tamaño, metabolismo, nivel de actividad y constitución, lo cierto es que ningún can debe ser sobrealimentado, pues la consecuencia normal sería el indeseado sobrepeso que además va asociado a ciertas patologías.

Higiene

A nivel de aseo, este perro no requiere demasiada atención pues no es un can al que haya que arreglar meticulosamente. Ahora bien y como es lógico, no puedes bajo ninguna circunstancia desatender su higiene diaria, por su propio bien y por el del resto de la familia, de modo que la convivencia resulte mucho más cómoda.

Higiene dental

Que tu perro viva más años y con la mejor calidad va a depender también de los cuidados que efectúes en su boca, no pudiendo en ningún momento desatender su limpieza bucal.

Desde cachorro, cepíllale los dientes con productos caninos específicos de los sabores que más le gusten y puede que le estés librando no solo de enfermedades bucales, sino de otras patologías cardíacas, renales y hepáticas. Sírvete también para ello de los snacks antisarro, haciéndolo siempre con moderación, para que no supongan un excesivo aporte calórico.

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Baño y secado

Este perro rústico no necesita bañarse con frecuencia, por lo que puedes hacerlo cada 6-8 semanas o cuando notes que comienza a oler a sucio. No vamos a negarte que su gran tamaño puede hacer de esta tarea una auténtica odisea, sobre todo si desagrada al animal, por lo que puedes optar por llevarle a un centro de estética canina, que en ocasiones también cuentan con la opción de autolavado.

Si decides bañarlo en casa, tendrás que derrochar paciencia, más aún a la hora de secarlo, pues no debes dejar que salga al exterior mojado, precaución que deberás extremar en invierno. Selecciona la temperatura moderada de tu secador y ¡a secar se ha dicho!

Cepillado

Un buen cepillado 2 o 3 veces por semana bastará para que tu Lobero Irlandés luzca un manto brillante, libre de partículas de suciedad y de nudos. Además si lo acostumbras desde cachorro, puede que tu canino amigo disfrute mucho con este hábito.

Vacunas y tratamientos antiparasitarios

No subestimes el poder que tiene la vacunación de tu perro a la hora de reforzar su sistema inmunitario, haciendo que pueda luchar con mayor fortaleza ante eventuales ataques efectuados por microorganismos como virus y bacterias que pueden hacer verdaderos estragos en su salud.

Asimismo, tampoco te olvides de colocarle a este grandote sus pipetas o collares antiparasitarios, pues debes alejar a los parásitos de su organismo. Algunos dueños no tienen demasiado en cuenta esta cuestión, pensando que pulgas, garrapatas y gusanos intestinales suponen, llegado el caso, únicamente una molestia, cuando lo cierto es que tanto los parásitos internos como externos son la causa de múltiples dolencias.

Enfermedades más comunes

Que un perro llegue a alcanzar o incluso a sobrepasar su longevidad media depende, aparte de la alimentación que para él elijas, del modo en que le cuides en el resto de los ámbitos. Por esta razón, lo mejor es que cuentes desde el principio con un veterinario de confianza que conozca a tu mascota y le haga un seguimiento óptimo en cada una de las etapas de su vida.

Llévala a la consulta cada seis meses o, al menos cada año, para someterla a un chequeo a fondo que permita detectar precozmente cualquiera de las enfermedades típicas de la raza, que en el caso del Lebrel Irlandés son la displasia de cadera y codo (como en casi todos los canes grandes), las enfermedades óseas, las cardiopatías, la atrofia progresiva de retina y la ya aludida torsión de estómago o torsión gástrica.

Adiestramiento

Este fascinante perro que pertenece a una de las mejores razas caninas del mundo y que hace las delicias de millones de seguidores en todos los puntos del planeta, es inteligente y se dejará entrenar si sabes ganártelo desde el principio, ayudándote para ello de las técnicas de refuerzo positivo.

De todos es sabido que conseguirás más prontos y asombrosos resultados si evitas el castigo físico con tu perro, que solo le llevará a la depresión y además a la desobediencia, y, en su lugar, le recompensas con golosinas caninas y elogios cada vez que lo merezca.

Recuerda que el ejercicio no está recomendado en las razas gigantes hasta los seis meses de edad. Al principio han de tratarse de caminatas cortas de unos cinco minutos hasta que gradualmente, a lo largo de unos tres meses, estéis dando paseos de 1.5 kilómetros, no debiendo llegar a los 3 kilómetros al menos hasta que no alcancen el año de edad.

Su programa de ejercicios deberá acompañar al Irish Wolfhound durante toda su vida, si bien adaptado a cada una de sus etapas o, lo que es lo mismo, a sus necesidades de derrochar energía.

En el adiestramiento de tu Lebrel Irlandés va a jugar un papel fundamental el que tu perro te respete y te admire, lo que solo vas a conseguir si muestras con él un comportamiento seguro, coherente y sin signo alguno de debilidad.

Los perros cuentan con un fuerte instinto de manada. Para ellos esta manada es, a partir del momento de la adopción, su nueva familia humana. Conscientes de que todo grupo necesita un guía, se fijarán al detalle en si su dueño es ese líder alfa confiable, cuyas órdenes son dignas de ser acatadas.

Si logras que tu Cazador de Lobos Irlandés vea en ti a esa figura, tendrás mucho terreno ganado, pues su postura será de docilidad y obediencia. Si, por el contrario, te ve como un líder débil, incapaz de asumir el mando, no tardará en querer adoptar él mismo ese rol, por lo que el conflicto de intereses estará a la vuelta de la esquina.

Por tanto, por mucho que la mirada de tu fiel amigo te conquiste en ocasiones hasta hacer que quieras cambiar de opinión, como por ejemplo, si nunca le das comida de la tuya y te la pide “con ojitos de deseo”, no caigas en el error de claudicar, pues ya querrá salirse siempre con la suya.

Le harás un favor mucho mayor a tu Lobero Irlandés si sabes mantener un “NO” rotundo, pues nada juega más a favor del necesario equilibrio mental de un perro que el que le dejes desde el principio claro lo que le está y lo que no le está permitido hacer.


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